“La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho”

A Justiniano debemos la frase que encabeza esta web y la filosofía de nuestro despacho.

Y ahora bien, ¿quién fue? Justiniano fue emperador del Imperio romano de Oriente desde el 527 hasta su muerte en el año 565.

Se cree que nació entorno al 482, proveniente de una familia humilde y de lengua latina, su suerte cambió tras ser adoptado por su tío Justino. Y a él fue a quien sucedió como emperador tras su muerte.

Se dice de él que como gobernante era un trabajador incansable y que, tal vez por sus orígenes humildes, no basó su poder en la aristocracia sino que sabía elegir la gente de la que se rodeaba no por su origen aristocrático sino por sus propios méritos y talento. Aún así, no todo fue coser y cantar durante su reinado, estuvo a punto de perder el trono por culpa de los disturbios de Niká al comienzo del éste y la segunda mitad de su mandato se vio afectada por la epidemia de peste, que se recrudeció a partir del 542.

Su influencia en el derecho

A él hay que agradecerle que el derecho romano haya llegado hasta nuestros días gracias a la compilación que impulsó.

Partiendo de la premisa de que la existencia de una comunidad política se basa en las armas y las leyes, Justiniano se preocupó especialmente por la legislación y ha pasado a la historia como el inspirador del “Corpus Iuris Civilis”, realizado entre los años 529 y 534 bajo su mandato y en el que se recoge y armoniza todo el derecho romano.

El “Corpus Iuris Civilis” estaba compuesto por el “Código Justiniano”, un código de leyes imperiales vigentes; el “Pandectas” o “Digesto”, una recopilación de dictámenes jurídicos; e “Instituciones”, un manual para la enseñanza del Derecho. Además, todas las leyes que él mismo promulgó después de la compilación fueron añadidas al código en las “Novelas”.

Así, a él y a su codificación le debemos los comienzos del Derecho tal y como lo conocemos hoy día.

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¿Acaso estás conforme con las multas?

Tenemos algo que decirte, y es que las multas se pueden recurrir SIEMPRE. Es un derecho. Hay diferentes tipos de recursos: los que van contra la Administración, que son el de alzada o el potestativo de reposición, el primero es contra actos que no ponen fin a la vía administrativa y el segundo contra los que sí la finalizan; y los que se dirigen a un órgano judicial, llamados contenciosos-administrativos.

¿Qué ocurre cuando nos ponen una multa y tenemos el caramelo de la rebaja o descuento?

Podemos beneficiarnos de esa rebaja pero nunca desistir de nuestro derecho a mostrarnos disconformes. Se pierde en este caso el derecho a hacer alegaciones, pero nada obsta para que recurramos la misma. En definitiva, la resolución será firme y se podrá recurrir con un recurso potestativo de reposición , del cual esperaremos contestación y en caso de que el infortunio se cebe con nosotros podremos acudir a la jurisdicción, a un juicio contencioso-administrativo interponiendo un recurso homónimo.

Hay que  incidir en que el recurso de reposición es potestativo, por ello podremos elegir si lo ponemos o nos vamos directamente al juzgado. Algo que sería un poco precipitado, pues hay que agotar todas las vías antes de llegar a lo judicial, que luego se colapsan los juzgados y repercute en otros casos y tampoco queremos eso, ¿no?

¿Y si no nos damos cuenta de que se nos ha pasado el plazo para hacer alegaciones?

En este caso podemos pagar y recurrir, o no pagar y recurrir igualmente. El esquema es el mismo que en el caso anterior, con la salvedad de que ya no habrá ninguna rebaja en la multa.

Ahora el procedimiento más recomendable junto al primero.

Haremos las alegaciones y esperaremos su resolución. Si son desestimadas llega el momento de recurrir. Dependiendo de quien la imponga (Guardia Civil, Ayuntamiento…) cabrá un recurso de alzada, que será resuelto por el superior jerárquico de quien dependa el emisor de la multa, si el acto no pone fin a la vía administrativa, o un recurso potestativo de reposición si nos dicen que la sanción es firme. Esperamos la contestación y si tampoco hay suerte se podrá ir a sede judicial con el contencioso-administrativo.

Hay que recordar que un experto puede recomendar la mejor vía para afrontar un procedimiento sancionador. De ello dependerá en buena medida su éxito. También hay que estar rápidos tras su recepción, dejarlas pasar puede suponer recargos o incluso embargos.

También es cierto que muchas multas están mal iniciadas o con defectos en su expedición. Por ello muchas de ellas se cobran pudiendo recurrirse diligentemente.

No olvidemos que la Administración no cree en la magia. Por poner un ejemplo, si una persona va 200 km/h le hacen una foto, le paran más adelante, le identifican y afirma ante el agente que iba a la velocidad, será difícil librarse.

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